Nueve décadas de labor y esfuerzo. Imprimir
Domingo, 24 de Enero de 2010 05:03

Cuando se mira el camino recorrido parece que es poco lo realizado. Sin embargo, la labor y el esfuerzo diario no parecen tener capacidad de superarse. Con la frente transpirada y el calor agobiante de nuestra geografía subtropical vemos que aún queda mucho por soñar y concretar para ser una comunidad organizada.

Hace cuarenta y cinco años, cuando concurría al Colegio San Alberto Magno, en Puerto Rico todas las calles eran de tierra. El asfalto recién llegó en la década del 70.

 

Hoy conocemos una topografía muy distinta a la que tuvieron que domar nuestros ancestros y primeros pioneros. Los potreros no existían originalmente. Los colonos tuvieron que usar su energía muscular a pleno para operar las tronzadoras y los carros tirados por escasos bueyes.

Los caminos, finalmente, se abrieron a fuerza de hacha, pala y machete. Los vecinos de ese entonces se organizaban de manera envidiable para ceder generosamente parte de su tiempo en la construcción de calles, iglesias, cooperativas y actividades que iban a favorecer notablemente a las generaciones venideras. Progreso y bienestar que quizás muchos de ellos no llegaron a disfrutar pero no fue un acto egoísta el que primó en aquellas mentes.

Hoy Puerto Rico es un pueblo que ha acogido a muchas otras personas que se sumaron a los fundadores originales y sus descendientes. Algo de bueno han realizado aquellas primeras personas llegadas de Brasil y Paraguay cuando forjaron esta tierra para que luego sea un imán de familias que llegaron en las décadas posteriores desde distintas partes del país y del extranjero.

Nuestras familias se han entrecruzado, gringos con criollos, descendientes de pioneros con recién llegados, católicos con protestantes, todos en un mismo barco con un destino único.

Confío en la cooperación mutua, el sueño grande de cada uno de nosotros en una visión amplia y desafiante. Imitar el espíritu de nuestros reconocidos precursores para también dedicar parte de nuestra vida a seguir construyendo un futuro más próspero para nuestros hijos, nietos, bisnietos, despojados de todo personalismo y aspiraciones materialistas. Deseo que el futuro grande que soñaron Carlos Culmey, el padre Max Von Lassberg y tantos otros, imposible de mencionar sin olvidar a vecinos importantes de nuestra historia, sepamos honrarlos con la mayor de nuestra dignidad y capacidad de trabajo.

 Por Federico Neis